Carlos Calani Pérez es un campesino rural que llegó de las tierras altas y se asentó al pie de la Amazonía, justo al lado de una de las áreas más megadiversas del planeta, eso ocurrió hace 20 años. Lo trajo a estas tierras bajas de Bolivia el sueño del desarrollo, el sueño de que todo lo que siembras, ¡¡produce!!. Vive en la cuenca alta torneña, comunidad Villa Paraíso, junto a su esposa Teodosia y sus cinco hijos, rodeado de huertas de cítricos en inmediaciones del Parque Amboró.

Gracias a los Acuerdos Recíprocos por Agua (ARA), don Carlos y su familia recibe compensaciones anuales de los usuarios del agua cuenca abajo, a cambio de la conservación de bosque primarios y/o la implementación de prácticas agrícolas que ayuden a la conservación de la cuenca. A través de los ARA, la familia Calani recibió 4 cajas para producir miel de abeja nativa, más conocida como ‘señorita’.

Ahora las cajas se han multiplicado y suman 20, producto natural que se vende en el mercado de El Torno significándole buenas ganancias, según él. Calani dice que de cada caja obtiene un kilo de miel cuando hay buena cosecha, usualmente se cosecha dos a tres veces al año y esta miel que es muy apreciada en el mercado local, tiene un costo de 30 dólares el kilo, así la producción de miel para esta familia es importante puesto que representa un tercio de sus rentas familiares, 1.200 dólares americanos. Los hijos más jóvenes y su esposa están dedicados a atender a las abejas señorita, en un meliponario que construyeron en medio de árboles de mandarina. En líneas generales, la producción de miel es liderada por mujeres y los miembros más jóvenes de la familia, y casi siempre es una actividad económica complementaria a la economía familiar donde la mujer juega un rol fundamental. Pero los frutos de la conservación del bosque primario y el agua no terminan ahí. La familia Calani también ha recibido apoyo del fondo local para levantar dos habitaciones de ladrillo con su corredor y techo, tras varios años de vivir en un ‘pahuichi’ cubierto con hojas de motacú y en condiciones bastante precarias. A la nueva vivienda sólo le falta que reciba retoques antes de ser habitada muy pronto. “Estamos agradecidos por este techo que nos dio los ARA”, expresa con una sonrisa doña Teodosia.

Conservando un total de 38 hectáreas de bosque del Parque Nacional Amboró, don Carlos está muy contento por haberse convertido en un “guardián del bosque”, al mismo tiempo y con recursos de la conservación, ha mejorado sus medios de vida. Sobre el pahuichi viejo de los Calani, al fondo se observa una serranía imponente de una de las áreas protegidas con la mayor biodiversidad del planeta Tierra, cuyo valor máximo de conservación consiste en poseer la fábrica de agua que es fundamental para la región. Por ahora don Carlos no piensa en avanzar hacia esos bosques.