¿Dónde trabajamos?

Ecorregión Chiquitanía

Protegemos el bosque seco tropical más extenso y mejor conservado del mundo, fortaleciendo la resiliencia de sus comunidades y la conservación de sus fuentes de agua.

NUESTRO VÍNCULO

Bosques que resisten, pueblos que conservan

La Chiquitanía alberga el bosque seco tropical más extenso y mejor conservado del mundo. Con una superficie aproximada de 164.495 km², este ecosistema representa cerca del 15 % del territorio boliviano y cumple un rol estratégico en la regulación del agua, la conservación de la biodiversidad y la conectividad entre la Amazonía y el Chaco.

No obstante, los incendios forestales recurrentes amenazan cada año la integridad de este paisaje, poniendo en riesgo sus bosques, las fuentes de agua, la fauna silvestre y los medios de vida de las comunidades locales. Por ello, impulsamos acciones de conservación junto al pueblo Chiquitano, Ayoreo y Guarasug’we para fortalecer la resiliencia del territorio y asegurar la permanencia de su riqueza natural y cultural.

pueblos que conservan
9.830 km² Área Protegida Municipal Bajo Paraguá
Nuestro impacto

Resultados que conservan la Chiquitanía

1.19 M
Hectáreas en conservación
Bajo el esquema de áreas protegidas municipales.
22.351
Hectáreas con ARA
Gestionadas mediante los ARA para la protección de fuentes hídricas.
334
Familias
Comprometidas y aliadas en la gestión del agua y el bosque.
Presencia territorial

Un corredor ecológico habitado y estratégico

Nuestra intervención se desarrolla a lo largo de la Chiquitanía boliviana, desde los bosques del norte hasta los paisajes del sur, conectando territorios donde convergen bosques secos tropicales, áreas protegidas y comunidades que dependen de estos ecosistemas. Este paisaje forma parte de un corredor ecológico que conecta la Amazonía, el Cerrado y el Chaco, manteniendo la continuidad de grandes extensiones de bosque y fortaleciendo la conservación de un territorio clave para Bolivia. Trabajamos junto a pueblos indígenas Chiquitano, Ayoreo y Guarasug’we, además de comunidades locales y gobiernos municipales, fortaleciendo la gestión territorial y la conservación de espacios prioritarios.


Entre estos territorios destaca el Área Protegida Municipal Bajo Paraguá, ubicada en la Chiquitanía norte y reconocida como Área Clave para la Biodiversidad (KBA, por sus siglas en inglés) por su importancia para la conservación de ecosistemas prioritarios y especies amenazadas. Frente a amenazas como los incendios forestales y la degradación del bosque, impulsamos acciones que fortalecen la protección del territorio, la gestión de áreas protegidas y la resiliencia de las comunidades que habitan la Chiquitanía.

Nuestras soluciones

Conservar la naturaleza es preservar la cultura

En municipios como San Rafael de Velasco, mediante los Acuerdos Recíprocos por Agua, apoyamos la conservación de la represa municipal y sus zonas de recarga hídrica, fortaleciendo la seguridad hídrica de las comunidades. En Chochís, acompañamos procesos comunitarios relacionados con la gestión del territorio y el turismo sostenible, fortaleciendo la valoración del patrimonio natural y cultural. Promovemos mecanismos locales de gestión y el aprovechamiento sostenible del bosque a través de iniciativas como la producción comunitaria de asaí silvestre, que genera ingresos a partir de un recurso conservado, y la producción de miel como alternativa vinculada a la biodiversidad del territorio.

Monitoreo de la biodiversidad

Donde el jaguar aún encuentra refugio

El monitoreo con cámaras trampa permite conocer la presencia del jaguar (Panthera onca) y otras especies que habitan la Chiquitanía. Esta especie, catalogada como Vulnerable a nivel global, es un indicador de la salud de los ecosistemas. Esto reafirma la importancia de conservar áreas protegidas clave como Bajo Paraguá, fundamentales para mantener la conectividad entre la Amazonía y el Chaco.