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Creación del Área de Conservación y Protección de Recursos Hídricos Serranía de Eva Eva

15 de febrero de 2026
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Marcelino Chairiqui aprendió desde niño que el bosque escucha. Por eso, cuando encuentra una planta medicinal, no la corta de inmediato. Primero aparta las hojas caídas, toca la tierra y murmura unas palabras en mosetén. Solo entonces la recoge. “Todo tiene dueño”, dice el profesor de la comunidad Villa Concepción, en Palos Blancos, el primer municipio declarado Libre de Minería en Bolivia, ubicado en Sud Yungas, La Paz.

En esta región de transición entre los Yungas y el subandino amazónico, donde sobreviven bosques húmedos y serranías cubiertas de neblina, los conocimientos todavía se transmiten de generación en generación. Entre los ríos que alimentan al Alto Beni y montañas que conectan áreas de conservación como Pilón Lajas y el TIPNIS, vive el pueblo indígena mosetén, reconocido por la Constitución, pero cuya lengua y saberes ancestrales se encuentran en situación vulnerable. “Sin los cuatro elementos no podemos vivir”, explica Marcelino, refiriéndose a la tierra, el agua, el fuego y el aire como partes inseparables de la existencia.

El origen del agua según el pueblo mosetén

La relación de este pueblo con su entorno se refleja en su tradición oral. “Hace mucho tiempo, un grupo de personas abrió camino en el bosque y encontró los huevos de un ave gigantesca. Algunos comieron uno; otros, dos; y otros decidieron no tocarlos”, relata Giovanna Rada, cacique de la comunidad Eva Eva, recuperando una de las historias que explican el origen de la naturaleza.

Esa noche llegó el dueño de los huevos y castigó a quienes los habían comido quitándoles los ojos. Los heridos, por vergüenza, decidieron no volver a sus comunidades y pensaron en qué convertirse para sobrevivir. Descartaron ser árboles o animales porque estos podían morir, y eligieron convertirse en viento. “Así podían ir a cualquier lugar y nadie les haría daño”, recuerda Marcelino Chairiqui.

Según la leyenda, los caminos que aquellas personas abrieron en la espesura terminaron transformándose en los ríos y quebradas que hoy bajan de la serranía de Eva Eva y abastecen al Alto Beni. La enseñanza permanece viva: el ciclo del agua exige respeto y permiso.

“Según cuentan nuestros abuelos, dentro de ese cerro existe una ciudad grande donde viven sabios invisibles que crían a los animales y protegen las vertientes que bajan a la comunidad”.

Para Rada, proteger Eva Eva es resguardar el origen de sus ríos. “Es importante que nuestro territorio tenga un área protegida porque aquí está nuestra historia, nuestra cultura y nuestra vida ancestral. Tenemos que cuidar nuestros ojos de agua porque el mundo se está quedando sin ella”, afirma.

La importancia de Palos Blancos no radica solo en su identidad, sino en su función clave como regulador hídrico para decenas de comunidades y sistemas agrícolas dedicados a la producción de papaya, palta y cítricos. Durante los últimos años, las sequías afectaron con fuerza a la región, especialmente en 2022 y 2023, acelerando las discusiones sobre la necesidad de blindar las nacientes hídricas

Como respuesta, el 18 de abril de 2026 se promulgó la Ley Municipal Autonómica N.º 186/2026, que crea oficialmente el Área de Conservación y Protección de Recursos Hídricos Serranía de Eva Eva, abarcando 9.719 hectáreas y cobijando a ocho comunidades mosetenes.

Shirley Argandoña, concejal de Palos Blancos y representante del Pueblo Indígena Mosetén, asegura que el pueblo nativo fue el impulsor principal de la reserva. De hecho, la ley establece en su artículo 13 que el pueblo mosetén participará directamente en la gestión y toma de decisiones del área, respetando sus normas y procedimientos propios. “La creación del área protegida representa una forma de defender el territorio frente a amenazas externas y conservar lo que es nuestro para el futuro de nuestros hijos”, afirma Argandoña.

El proceso hacia la reserva comenzó con el trabajo de la Fundación Natura Bolivia a través de los Acuerdos Recíprocos por Agua (ARA), un mecanismo donde los comunarios destinan parte de sus bosques a la conservación a cambio de incentivos productivos. Con el tiempo, las familias comprendieron que necesitaban una protección legal permanente frente al avance de la frontera agrícola. Efraín Flores, gestor municipal de la fundación, explica que la serranía funciona como un “cordón” vital que abastece a todo el sector.

Michael Kohman es hidrogeólogo y gerente del Laboratorio de Innovaciones de Fundación Natura Bolivia, realizó un monitoreo que evaluó las fuentes hídricas y tomas comunitarias de la zona. “El agua de las fuentes es de buena calidad”, señaló Kohman, explicando que la geología local favorece el surgimiento natural de numerosos ojos de agua.

Aideé Vargas, coordinadora de biodiversidad de Fundación Natura Bolivia, detalla que mediante cámaras trampa y el monitoreo acústico se identificaron especies clave del piedemonte de los Yungas, un ecosistema propenso a endemismos. Entre los animales registrados destacan el jaguar, el zorro de orejas cortas, la pacarana (o jochi con cola) y el oso hormiguero, cuya presencia demuestra que Eva Eva aún conserva bosques continuos y saludables.

Para garantizar la sostenibilidad del área, se ha impulsado un programa de monitoreo comunitario para incorporar a los propios habitantes en el cuidado del territorio, un rol donde Marcelino Chairiqui aportará su lectura del monte y sus saberes heredados.

Para el profesor, este logro va más allá de las líneas cartográficas o los manuales técnicos; es una resistencia cultural. Consciente de que los jóvenes hablan cada vez menos su lengua, ve en el área protegida una oportunidad para resguardar la identidad de su pueblo. Antes de despedirse, Marcelino resume con firmeza la urgencia de defender la selva: “Si no conservamos el bosque, nos quedamos sin agua. Y sin el agua, no hay futuro para nuestros hijos ni memoria que proteger”.

La consolidación de esta reserva municipal es una victoria en el mapa de la conservación boliviana: una garantía de que el bosque seguirá siendo el hogar de quienes todavía saben escuchar su voz.

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