
Con un caminar sereno y sonrisa amigable, Rita Chávez abre las puertas de su casa a quienes llegan para escuchar su historia. No habla de sacrificios; habla de agua, de cuidado y de futuro. Hace catorce años tomó una decisión que transformó no solo su vida, sino también la de su comunidad.Junto a su familia, fue la primera en destinar alrededor de 300 hectáreas de sus tierras a la conservación de los bosques para proteger las fuentes de agua que abastecen a Muyupampa. Lo hizo convencida de que cuidar la naturaleza es cuidar la vida.
Su compromiso nació de una preocupación concreta: preservar las vertientes que alimentan a la comunidad de El Arrayán, en el municipio de Villa Vaca Guzmán, Chuquisaca. Recuerda que antes las familias debían caminar largas distancias para conseguir agua. Hoy, gracias a ese esfuerzo sostenido, el agua llega limpia y segura a los hogares.
“En aquella época no sabíamos ni cómo conservar”, cuenta. “Fundación Natura Bolivia nos habló de proteger los bosques y los ojitos de agua. Entonces pensamos: si de aquí sale el agua para el pueblo, ¿por qué no cuidarla?”.
Hasta entonces, el ganado subía a las serranías y llegaba a las nacientes y las contaminaba. Rita y su esposo decidieron cambiar. Bajaron el ganado, modificaron su manejo y empezaron a ordeñar a diario. Hoy producen leche y quesillo. En los primeros años recibieron incentivos a través del modelo de Acuerdos Recíprocos por Agua, impulsado por Fundación Natura Bolivia, un mecanismo que promueve la conservación de bosques a cambio de beneficios para las familias que protegen las fuentes hídricas.
El impacto fue más allá de su parcela. El trabajo conjunto entre la comunidad, el Gobierno Municipal de Villa Vaca Guzmán y la Fundación permitió ampliar el acceso al agua. Según el alcalde Germán Herrera Barja, se intervino en 41 comunidades y 680 familias fueron beneficiadas con acceso a agua digna en zonas donde antes el servicio no existía. Además, se consolidaron áreas protegidas, acuerdos de conservación y una ley municipal —ya reglamentada— para la protección de fuentes de agua, sentando un precedente en la región del Chaco.
Para conocer de cerca este modelo de conservación llegó Kevin Seely, director de la Iniciativa Darwin, quien destacó el compromiso de las familias con la protección de sus territorios. Expresó su satisfacción al ver cómo las comunidades han asumido la conservación no como una imposición, sino como una decisión propia que les permite producir de manera sostenible, sin renunciar al cuidado del medio ambiente.
En ese proceso también se impulsó el Fondo Municipal de Conservación de Recursos Hídricos de Villa Vaca Guzmán, promovido por el coordinador regional del Chaco, Gualberto Carballo, como una herramienta para garantizar la sostenibilidad de las fuentes de agua en el tiempo.
El territorio protegido forma parte de un ecosistema clave. Allí se encuentran el Área Natural de Manejo Integrado Municipal Serranías de Igüembe y el Área Natural de Manejo Integrado y Comunitario Serranía de Incahuasi, hábitats fundamentales para especies como el oso de anteojos. La bióloga Aideé Vargas explica que se trata de una “especie paraguas”: su presencia es indicador de un bosque sano. “Donde está el oso, hay equilibrio y hay agua”. Esta especie habita tanto en los yungas como en el bosque seco tucumano boliviano, ecosistemas frágiles donde la humedad es vital.
La señora Rita, fue la primera en firmar un ARA, para conservar sus fuentes de agua y preservar sus bosques. Conservar no es perder tierra, afirma; es asegurar el mañana. Y mientras el agua corre clara desde las serranías, su historia se convierte en prueba de que, cuando una comunidad decide proteger lo que la sostiene, el futuro deja de ser una promesa incierta y se vuelve una posibilidad concreta.